A propósito de un mediocre (1)

Sunday, 18 Jan 2009

Todos tenemos momentos mediocres, y momentos normales, y hasta un poco menos. Pero la gran mayoría no nos merecemos el término mediocres cuando habla alguien de nosotros. Somos profesionales, intentamos mejorar, y a veces lo conseguimos, otras no lo conseguimos y seguimos intentándolo, a veces somos muy críticos y destructores, pero otras somos plácidos, comprensivos y razonadores. Nos gusta nuestra profesión, nos sirve para vivir y aprendemos de ella. Nos gusta contar lo que aprendemos a otros, comentarla, hasta ofrecerles oportunidades que nosotros vemos y que vamos a emprender. Somos gente normal, no somos mediocres.

Pero quería hablar de una subespecie de seres humanos, que como todas las plagas tiende a extenderse -aunque siempre ha estado muy presente- y que no denunciamos lo suficiente, a no ser en charlas privadas o de café. De los auténticos mediocres, que se merecen el apelativo por combinar mediocridad, con ambición, con envidia, con “trepismo”, con poder, …. Esos son los que nos molestan, porque nos dan reflejo de la poca igualdad de oportunidades que existe en el país. Y hay lugares en que esa especie se ha extendido. Todavía no llega a ser un brote endémico, pero es ya muy importante.

Como es un tema de reflexión, voy a hacer ahora una introducción al tema, basándome en un caso, y intentaré hacer una serie, basándome en mi propia experiencia. Me aproximaré al mediocre a partir de mi propia experiencia con mediocres, que no son muchos, pero pueden servirnos como guía para profundizar sobre el tema. Si trato este tema es porque en buena medida el estado de la innovación en un país está en relación proporcional inversa con la densidad relativa de mediocres instalados en sus instituciones, organizaciones y empresas.

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Mediocre

He tropezado con muchos mediocres en mi vida …… y últimamente, he tenido que soportar a uno que ha llegado a importunarme mucho, haciendo mi trabajo menos placentero de lo que normalmente es. Se apropió de diseños e ideas, aplicándolos de manera vulgar y “trapalleira”, convirtiéndolas en “lo de siempre” y finalmente desplazándome de mi rol en el programa. Es lo que yo llamo la tiranía de los mediocres -ambiciosos, claro-. Empezaré por lo que entiendo por tales.

Mediocres o medianías son aquellos que siéndolo en sus respectivas profesiones, es decir, siendo del montón y no aportando prácticamente nada a los demás a lo largo de años y años, se encaminan, debido a una extrema ambición, a ubicarse en puestos de responsabilidad media o media-alta o alta, porque saben que no son nada profesionalmente, pero sus aspiraciones ambiciosas les llevan a utilizar el plano político, el grupúsculo religioso o de otro tipo o bien la fidelidad y el sometimiento llevados a sus últimas consecuencias -posición dependiente que se justifica en la “fidelidad” al jefe o a la institución o a ambas- para alcanzar aquellas metas que sería imposible si profundizaran sobre su profesión que, en el fondo -hay que decirlo todo- no les gusta.

Ya se sabe que te acaba gustando aquello que realmente conoces y practicas; si lo conoces superficialmente -por falta de dedicación, por vaguería o por otras razones poco confesables-, nunca acabas queriendo lo que en principio “te tenía que dar de comer”, y en consecuencia, nunca “te realizas” en tu profesión -en la medida, en que realizarse es posible, y por supuesto, no hablo de realizaciones totales, sino parciales, pequeñas satisfacciones cotidianas-.

En definitiva, los mediocres nunca han hecho bien las cosas en su profesión. Por eso, buscan otras vías -menos “legales”, en el sentido brasileño del término- para obtener y materializar su vida y sus ambiciones. Claro que al no existir una ambición profesional bien fundada y justificada, sino más bien una ambición económica y/o de poder, no tienen buenas bases o fundamentos o raíces, ya que no buscan el perfeccionamiento de lo que saben, sino el dinero y/o el poder que les puede dar la jerarquía que consiguen, dejando de lado lo que podían saber, y dedicándose a lo que saben hacer, que es trepar y fidelizar y asegurar los espacios de trepa.

Bien, pues la vida te lleva a encontrarte con más de un ejemplar de este tipo. Gente muy frustrada, si no fuera porque son ladrones de aquellos que trabajan y algo saben, y que disfrutan usurpando a los que piensan y aprenden, lo que ellos nunca podrían tener. Es más suelen despreciar ese conocimiento, con frases vulgares o irónicas. He visto muchos en mi vida, y a algunos de ellos los he tenido que soportar en algunos de esos tramos vitales.

Tengo que decir que también me he relacionado con personas maravillosas, muchas más, a su vez objeto de las usurpaciones o de los peloteos. Menos mal que aunque hay más de los que debiera, no todos somos así.

El mediocre es un tipo muy peligroso, porque tiene algunas de las características del alexithimico, y sus sentimientos no están forjados, porque sus fundamentos y raíces tampoco lo están, sólo los utiliza para subir y aferrarse. Este tipo de personaje se ha intensificado en la sociedad en los últimos tiempos, porque los llamados líderes sociales y/o políticos lo son mucho menos que lo eran en otras épocas, son líderes más light y eso hace que su posición yóica sea débil y necesiten mucho más de personajes mediocres que les digan lo buenos que son, cuando ni su propia pareja estaría dispuesta a hacerlo. Esto, por imitación, se extiende a otros niveles de la sociedad y se reproduce ampliamente.

En definitiva, mediocres son los que se agarran a la cola del león, y no se sueltan, ni aún con los saltos en carrera del león. Se van petrificando en la estructura corporea del león y al tiempo que se adhieren, lo van fosilizando y acartonando. Son como vampiros, se dedican a sorberle la sangre, pero sobre todo, obtienen sus recursos más bien del mundo de los “cabezas de ratón” que saben y les gusta lo que hacen, y no soportan la “lealtad” debida, pero están dispuestos a dar lo que saben. Es decir, necesitan pocas compensaciones, porque ya tienen su gran compensación que es que su trabajo les gusta, se realizan en él, lo pasan de miedo, y para qué van a dedicar tiempo a “triquiñuelas” propias de desocupados y mediocres. De todo esto ya hablé en extenso en mi libro “Innovando ….” (1999), en su primer capítulo y en el quinto.

España es un país de leones petrificados, de leones como los del Congreso, de hierro fundido, de leones sin vida. En otro de mis artículos a ese fenómeno le ha llamado “monopolismo”, en definitiva, mediocridad, “cutrez”. La mediocridad en este país tiene muchos orígenes, pero sólo citaré para no hacer muy complejo el discurso, el sistema educativo que facilita títulos con “poco esfuerzo” y la religión dominante, que favorece que la gente no destaque, para no llamar la atención y “producir escándalo”. Por eso es el país por excelencia para “no ser profeta en tu tierra”. Seguro que hay muchos otros factores culturales, sociales, económicos y hasta políticos que expliquen la mediocridad dominante y super-presente en todas las esferas, pero me conformo con esos dos agentes provocadores de la mediocridad nacional. Habrá otros que investiguen o ensayen mejor que yo sobre el tema, del cual no quiero ser erudito, bastante tengo con aguantarlos.

Un ejemplo

Mediocre, para poner un ejemplo que se entienda es el presidente saliente de los U.S.A. Los que tienen como lengua madre el inglés dicen que habla muy mal su propio idioma, con errores sintácticos constantes; que yo sepa no ejerció mucho su carrera de abogado y hasta partiendo de una familia super-asentada, cometió más de un error imperdonable; fue un mal estudiante, poco concentrado en lo que hacía; y hasta parece que no le gusta ser presidente, porque recuerdo en el documental de Michael Moore de 9/11 como se ocultaba ante el tema de las torres gemelas. En fin, un personajillo.

Pues ya me dirán Uds. …. ha estado ocho años al frente del imperio, y lo ha dejado para “desear no volver más por allí”, al menos, yo. Y ha fomentado todas las mediocridades habidas y por haber, aunque es claro que seguro que ha salido fortalecido económicamente, él y su familia. Y no me digan que no ha hecho todas las “trampas” posibles para llegar, para mantenerse y hasta para salir …. con esa lluvia de millones a la banca y otras empresas sin igual en la historia de su nación-estado.

Un personajillo

Pues de ese tipo de calaña hablo. Y no es un rara avis precisamente, un prototipo social cada vez es más abundante. En un país tan “lleno” de poder y posición social como el nuestro, donde hasta para conseguir empleo tienen que enchufarlo familiares o amigos, no es de extrañar encontrarse en cada esquina con personajes de este tipo.

Bueno, pues yo he tenido que encontrarme con un personaje así en mi penúltimo gran programa. Ha sido horrible, lo he visto venir, pero era lo mismo, estaba bien respaldado por sus grupúsculos, religioso, por un lado y político, por otro, y “lo veía venir”, pero no podía hacer nada más que aguantarlo hasta que lograse la expropiación indecente en que ha caído.

Personaje de más de cuarenta años, profesor de universidad de segundo nivel, todavía sin tesis doctoral y dudo que alguna vez la presente, a no ser que tenga a un tribunal controlado por sus artimañas, sin conocimiento de su materia -después, se supone, de muchos años-, obeso a más no poder, poco preparado,…… pero bien adaptado al poder político, por una parte, y al poder religioso, por otra. Un ser incombustible, tragadalbas, siempre cerca del poder que lo ilumina, fiel a sí mismo, a todas con quién manda. Vamos, lo que se conoce como un impresentable en términos de su propio partido.

No ha podido hacerme mucho daño, pero si se lo ha hecho al programa y a las instituciones que participan en él -estratégicamente, claro, porque han perdido la oportunidad de innovar en sus respectivas áreas y consolidar un modelo de programa que les hubiera reportado prestigio y sobre todo, la honra de hacer las cosas mejor de cómo las hacen- y sobre todo, ha perjudicado a su país y a su comunidad.

Pero eso a él le importa realmente poco, y aprovechando los miedos y el conservadurismo y reaccionarismo propio de las instituciones, ha convertido un programa innovador en un programa de tercera categoría, de los que se hacen desde siempre, y que ya hace mucho eran considerados deficientes. Se ha agarrado al programa, le ha quitado la sangre, y ahora es una “merde” fosilizada que ya no sirve más que para sus intereses.

Intenté que no fuera así de muchas maneras, aconsejándole oralmente, por escrito, dándole ejemplos, y ni siquiera un último intento ofreciéndole gratuitamente una reorientación metodológica del programa, ha servido para nada. Lo sabía, pero en mi espíritu de ayudar siempre, de ayudar siempre a aquellos con quienes trabajo o para quién trabajo, no podía hacer más que eso, dejar una especie de testamento que al menos sirva de: a) conciencia sobre lo que hay que hacer y es posible hacer; y b) una denuncia de por qué las cosas van como van. No sirvió para nada este último esfuerzo.

Oportunidad

Claro que el programa, precisamente por pasar de “lo bien hecho” a “lo de siempre”, me ha ayudado a aprender y a consolidar ciertos planteamientos, de los que escribiré en abundancia, olvidándome del mediocre que se irá pudriendo en su ataúd de ambiciones. Porque finalmente hasta los mediocres pueden ser un buen punto de partida para aprender, y en ellos puede haber la oportunidad de ver cosas que no habías visto previamente. Es todo cuestión de actitud. No es la primera vez que me pasa.

El mediocre tiene la práctica de que en poco tiempo, todo lo bueno a su alrededor, desaparece y hasta se deja de hacer o se convierte en cenizas burocráticas. Es una pena, pero entra dentro de los desatinos y de los pasos atrás que es necesario dar para que volvamos a dar pasos adelante, de lo que yo he dado en llamar inhibiciones, aunque también digo que de las inhibiciones se pueden extraer las sublimaciones que nos permiten continuar en los caminos de la mar.

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Como no se puede perder el sentido del humor, ahí tenemos a los Python

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