LUDOPATÍA HISPÁNICA

Thursday, 1 Feb 2018

Leí “El jugador” de Dostoiesky muy joven, a los diecinueve o veinte años y me impresionó, aunque no la entendí del todo. Algún día tendré que releerla. No se si influyó en mí, pero nunca fuí nada propenso a jugar a nada, pero a nada de nada, ni a la lotería de Navidad ni a las quinielas. Una de las gracias de Felipe González fue abrir las puertas a casinos y bingos y demás. Luego se iría ampliando hasta el gran éxito actual de los juegos online. Según los expertos es impresionante el crecimiento de ludópatas y enfermos derivados del -parece- interés del Estado y sus políticos en dejar que el país siga enfermándose con algo tan adictivo y dañino como es el juego. Este artículo está muy bien para hacerse consciente de algo lamentable y que no se puede comprender más que en un país también lamentable como éste.

Hasta la cadena Being, monopolista o casi de la retransmisión del futbol, pertenece al mundo de las apuestas: Ronaldo, Bolt u otros atletas las promueven, y cada día vemos que los sitios de juegos ligeros en las ciudades, se han convertido en casas de apuestas. Todo un tinglado que se calcula en unos 10.000 millones de euros de negocio y crece y seguirá creciendo. Gente desesperada y/o ignorante, que piensa que va a ser fácil y salir de sus apuros. Se meterá en más apuros. Lean “El Jugador”, por favor, y dejen de jugar, sólo sirve para que dentro de unos meses estemos peor y más colgados.

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La interpretación más benigna de este interés sobredimensionado del juego y del juego online sería que “esta época de depresión y paro” hace que mucha gente busque alguna salida en la “suerte”, pero la suerte no existe, sólo en la cabeza de aquellos que desconfían de sí mismos o que se ven al borde de un precipicio. Las cosas no son así. Estas empresas , en gran medida mafiosas, aunque no lo parezcan, lo tienen todo desde hace mucho tiempo muy bien estudiado, y no se puede ganar, no es posible a medio plazo ganar, siempre se pierde. En lo único que se gana es en dependencia y adicción. Nadie, repito, nadie puede hacerse rico ni vivir del juego. La esperanza matemática es cero. Las probabilidades casi cero. Favorecen que empieces ganando para confiarte, pero enseguida “te hacen perder”. Son las reglas del juego. Si quieres jugar, juega una partida de ajedrez con un amigo o amiga, o una de parchis en tu casa con la familia o los amigos. En las cartas ya empieza la adicción.

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