¿POR QUÉ HEMOS LLEGADO A DÓNDE ESTAMOS Y CÓMO ES QUE LLEGAMOS TAN BAJO?. Acercándonos a comprender qué nos pasa como país y dónde están las raíces inmediatas de todo esto.

Thursday, 11 Apr 2019

¿POR QUÉ HEMOS LLEGADO A DÓNDE ESTAMOS Y CÓMO ES QUE LLEGAMOS TAN BAJO?. Acercándonos a comprender qué nos pasa como país y dónde están las raíces inmediatas de todo esto.

Primer punto: ¿dónde estamos? De mal a muy mal, económica, social y políticamente. Me centraré en lo económico-social dado que es casi siempre el antecedentes de lo superestructural.

Un paro juvenil impresionante, hasta triplicando la tasa media de la OCDE, y más que duplicando a la Unión Europea; una desindustrialización impresionante: tendemos a industria cero; prácticamente sólo se crean empleos como camareros, guardias o similares y profesiones que podríamos llamar dependientes: reponedores, cajeros/as, deliveros, taxistas de segunda, etc. Todas muy por debajo de lo que podrían hacer sus ocupantes, ya que están preparados para mucho más, pero no hay puestos a su medida.
Un empleo cada día más precarizado y temporal. Es cierto que es una tendencia mundial, pero les aseguro que vamos con mucho a la cabeza. En esto, sí que ganamos.

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Una sociedad desarticulada e introspectiva, llena de corrupción y de “permisos” para corromperse, sin prácticamente ningún coste social o político. Está hasta “bien visto” y “puede ser hasta gracioso” (sólo hay que ver alguna serie televisiva para darse cuenta de hasta dónde “se ha metido en el cuerpo social” eso de la corrupción o de las malas formas.

No voy a ir más lejos. Con esto, llega, al menos eso pienso, a no ser que quiera ser más pesado. Estamos de mal a muy mal, eso en nota sería que andamos con un 2,5 sobre diez, y que nos conducimos hacia un dos o un uno y medio o tal vez peor. Por cierto, esto no es cuestión de PIB o no PIB, porque el PIB es un invento que nos creemos y que se forja por “estimaciones” y no por hechos, como muchas otras estadísticas (aún así no estamos entre los treinta primeros).

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Segundo y punto más fundamental: Si estamos mal, ¿por qué estamos tan mal y además, estaremos aún peor a largo plazo? Es muy fácil y todos lo vemos. La oferta de trabajo es cualitativamente mala, ¿por qué es mala? Sin duda, por nuestra práctica científica y tecnológica, nuestro “tan nuestro”, “qué inventen ellos”. La industrialización de los años 60 fue producto de las inversiones extranjeras, vinculadas a tecnologías determinadas, y no hemos aprendido de ellas, ni las hemos copiado, porque es más interesante para las burguesías propietarias, aliarse con el capital con tecnología o dejarse comprar o comprar nueva tecnología que invertir en aprender y desarrollar nuestra propia ciencia y tecnología (si, eso que hablan del I+D+i). Ni ciencia, ni tecnología, ni innovación a partir de nosotros mismos, aprendiendo como se aprende (copiando, por supuesto, imitando, para después hacer nuestros propios diseños, forjando aprendizaje, forjando caminos de verdad y no caminos fantasiosos y llenos de frustraciones).

La oferta es mala, porque no está fundamentada en sí misma, y eso lleva a que cuando se desfasa, su tecno se convierte en obsoleta, no tenemos repuesto, y el capital –casi siempre exterior y tecnológico- ve mejores oportunidades en otros países y relocaliza sus industrias y ¡qué casualidad!, se van y la oferta de empleo disminuye en cantidad y en calidad. Veamos lo que ha ocurrido en sectores industriales como el acero, el aluminio, la construcción naval y muchos otros, y díganme si no tengo razón: hasta tenemos que vender “armas” a un país demencial como Arabia para conservar puestos de trabajo. ¡De auténtica pena!
Por tanto, la calidad y la cantidad de puestos de trabajo se va deteriorando y reduciendo y “a cambio” aumentamos camareros, albañiles, seguratas, reponedores, cajeras/os et alii.

Además, eso conlleva puestos menos estables –más precarios-, una menor solidez en la sociedad, que no puede construir futuros –los jóvenes sólo pueden desenvolverse en un cutrísimo “carpe diem”; también conlleva más inestabilidad social y la búsqueda de caminos nostálgicos que no fueron mejores que los de hoy, pero que a muchos engañan con aquello que se puede idealizar –porque no se ha vivido realmente- y pensar que hasta el franquismo-nazismo fue algo bueno; y sobre todo, implica una gran desesperanza, al no haber futuro, el presente acaba en sí mismo, y pocos o ninguno pueden tener un plan de vida, una vida, un horizonte hacia el que caminar.

Y vuelvo al comienzo: TODO HA SIDO PORQUE NUESTRAS CLASES PROPIETARIAS Y DIRIGENTES NO HAN VALORADO LO MÁS IMPORTANTE: EL APRENDIZAJE A PARTIR DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA QUE LA ACOMPAÑA. El “qué inventen ellos” se ha convertido en un muro que ya no podemos saltar. Estamos tan lejos de la media, a pesar de gozar con una posición geopolítica tan favorable –estar en Europa-, que el abismo entre lo que es y lo que debería ser es ya demasiado grande, y mientras queremos seguir siendo “imperio” y pensamos como “imperio” y no nos damos cuenta de que no somos realmente nada o casi nada, y hemos perdido la humildad necesaria para seguir dando pasos hacia un aprendizaje de nosotros mismos, de los demás, y de la verdad con minúsculas, aquella que se puede aprender aprendiendo y trabajando, estando motivado en hacerlo porque “lo que recibimos tendríamos que ser capaces de devolver mejorado”, y de esa forma sentiríamos la satisfacción y el bienestar de quiénes son por si mismos y no como “dependientes” y “subordinados” a otros, y aún encima pensando que somos y no somos.

Nuestras clases dominantes propietarias son deleznables, con alguna excepción, y sólo quieren ganar dinero y más dinero, en lugar de invertir en aprender, en contribuir al desarrollo de aquellas verdades que nos dan futuro, aquellas que hacen que nos ilusionemos con lo que hacemos y que sigamos adelante, motivados por la vida que estamos llevando. Invertir en aprender o en investigar no es algo cuantitativo, sino algo que cambiar nuestro ser, también nuestro ser social: NOS CAMBIA PROFUNDAMENTE. Para ello, necesitamos tiempo, paciencia, y ¡cómo no!, humildad y trabajo.

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