¿DÓNDE ESTAMOS? ¿QUÉ SOMOS?

Monday, 24 Jun 2019

¿DÓNDE ESTAMOS? ¿QUÉ SOMOS? ¿POR QUÉ HEMOS LLEGADO AQUÍ Y CÓMO ES QUE LLEGAMOS TAN BAJO?. Acercándonos a comprender qué nos pasa como país y dónde están las raíces inmediatas de todo esto.

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Prólogo:

¿POR QUÉ HEMOS LLEGADO A DÓNDE ESTAMOS Y CÓMO ES QUE LLEGAMOS TAN BAJO?. Acercándonos a comprender qué nos pasa como país y dónde están las raíces inmediatas de todo esto. Tendré que simplificar, porque el tema exige casi una enciclopedia. En su momento, escribí mucho sobre esto. Pero luego, y visto lo visto, me dediqué sobre todo a forjar metodologías para innovar, para recrear, para reinventar, para imitar, para emular, para INNOVAR. Hice muchas cosas, pero casi todas han ido quedando en el olvido, en aquél que se forja sobre todo por la ignorancia, por las prisas, por la falta de sentido de lo que es, y por la corrupción, porque mis trabajos han sido copiados sin citar y han ido ajándose en el olvido. Esto también es parte de mi historia, aunque ahora vista desde el hoy estructural, desde el punto de partida que siempre es SABER O APROXIMARSE A SABER DÓNDE SE ESTÁ.

Tesis:
Primer punto: ¿dónde estamos? De mal a muy mal, económica, social y políticamente. Me centraré en lo económico-social dado que es casi siempre el antecedentes de lo superestructural.

Un paro juvenil impresionante, hasta triplicando la tasa media de la OCDE, y más que duplicando a la Unión Europea; una desindustrialización impresionante: tendemos a industria cero; prácticamente sólo se crean empleos como camareros, guardias o similares y profesiones que podríamos llamar dependientes: reponedores, cajeros/as, deliveros, taxistas de segunda, etc. Todas muy por debajo de lo que podrían hacer sus ocupantes, ya que están preparados para mucho más, pero no hay puestos a su medida.
Un empleo cada día más precarizado y temporal. Es cierto que es una tendencia mundial, pero les aseguro que vamos con mucho a la cabeza. En esto, sí que ganamos.
Una sociedad desarticulada e introspectiva, llena de corrupción y de “permisos” para corromperse, sin prácticamente ningún coste social o político. Está hasta “bien visto” y “puede ser hasta gracioso” (sólo hay que ver alguna serie televisiva para darse cuenta de hasta dónde “se ha metido en el cuerpo social” eso de la corrupción o de las malas formas.
No voy a ir más lejos. Con esto, llega, al menos eso pienso, a no ser que quiera ser más pesado. Estamos de mal a muy mal, eso en nota sería que andamos con un 2,5 sobre diez, y que nos conducimos hacia un dos o un uno y medio o tal vez peor. Por cierto, esto no es cuestión de PIB o no PIB, porque el PIB es un invento que nos creemos y que se forja por “estimaciones” y no por hechos, como muchas otras estadísticas.

Segundo y punto más fundamental: Si estamos mal, ¿por qué estamos tan mal y además, estaremos aún peor a largo plazo? Es muy fácil y todos lo vemos. La oferta de trabajo es cualitativamente mala, ¿por qué es mala? Sin duda, por nuestra práctica científica y tecnológica, nuestro “tan nuestro”, “qué inventen ellos”. La industrialización de los años 60 fue producto de las inversiones extranjeras, vinculadas a tecnologías determinadas, y no hemos aprendido de ellas, ni las hemos copiado, porque es más interesante para las burguesías propietarias, aliarse con el capital con tecnología o dejarse comprar o comprar nueva tecnología que invertir en aprender y desarrollar nuestra propia ciencia y tecnología (si, eso que hablan del I+D+i). Ni ciencia, ni tecnología, ni innovación a partir de nosotros mismos, aprendiendo como se aprende (copiando, por supuesto, imitando, para después hacer nuestros propios diseños, forjando aprendizaje, forjando caminos de verdad y no caminos fantasiosos y llenos de frustraciones).
La oferta es mala, porque no está fundamentada en sí misma, y eso lleva a que cuando se desfasa, su tecno se convierte en obsoleta, no tenemos repuesto, y el capital –casi siempre exterior y tecnológico- ve mejores oportunidades en otros países y relocaliza sus industrias y ¡qué casualidad!, se van y la oferta de empleo disminuye en cantidad y en calidad. Veamos lo que ha ocurrido en sectores industriales como el acero, el aluminio, la construcción naval y muchos otros, y díganme si no tengo razón: hasta tenemos que vender “armas” a un país demencial como Arabia para conservar puestos de trabajo. ¡De auténtica pena!
Por tanto, la calidad y la cantidad de puestos de trabajo se va deteriorando y reduciendo y “a cambio” aumentamos camareros, albañiles, seguratas, reponedores, cajeras/os et alii.
Además, eso conlleva puestos menos estables –más precarios-, una menor solidez en la sociedad, que no puede construir futuros –los jóvenes sólo pueden desenvolverse en un cutrísimo “carpe diem”; también conlleva más inestabilidad social y la búsqueda de caminos nostálgicos que no fueron mejores que los de hoy, pero que a muchos engañan con aquello que se puede idealizar –porque no se ha vivido realmente- y pensar que hasta el franquismo-nazismo fue algo bueno; y sobre todo, implica una gran desesperanza, al no haber futuro, el presente acaba en sí mismo, y pocos o ninguno pueden tener un plan de vida, una vida, un horizonte hacia el que caminar.

Y vuelvo al comienzo: TODO HA SIDO PORQUE NUESTRAS CLASES PROPIETARIAS Y DIRIGENTES NO HAN VALORADO LO MÁS IMPORTANTE: EL APRENDIZAJE A PARTIR DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA QUE LA ACOMPAÑA. El “qué inventen ellos” se ha convertido en un muro que ya no podemos saltar. Estamos tan lejos de la media, a pesar de gozar con una posición geopolítica tan favorable –estar en Europa-, que el abismo entre lo que es y lo que debería ser es ya demasiado grande, y mientras queremos seguir siendo “imperio” y pensamos como “imperio” y no nos damos cuenta de que no somos realmente nada o casi nada, y hemos perdido –si alguna vez la hemos tenido- la humildad necesaria para seguir dando pasos hacia un aprendizaje de nosotros mismos, de los demás, y de la verdad con minúsculas, aquella que se puede aprender aprendiendo y trabajando, estando motivado en hacerlo porque “lo que recibimos tendríamos que ser capaces de devolver mejorado”, y de esa forma sentiríamos la satisfacción y el bienestar de quiénes son por si mismos y no como “dependientes” y “subordinados” a otros, y aún encima pensando que somos y no somos.
Nuestras clases dominantes propietarias son deleznables, con alguna excepción, y sólo quieren ganar dinero y más dinero, en lugar de invertir en aprender, en contribuir al desarrollo de aquellas verdades que nos dan futuro, aquellas que hacen que nos ilusionemos con lo que hacemos y que sigamos adelante, motivados por la vida que estamos llevando. Invertir en aprender o en investigar no es algo cuantitativo, sino algo que cambiar nuestro ser, también nuestro ser social: NOS CAMBIA PROFUNDAMENTE. Para ello, necesitamos tiempo, paciencia, y ¡cómo no!, humildad y trabajo.

Y pasamos a una cuarta consideración: se invierte para hacerse rico ….. ya. Es como si nuestras fantasías contribuyeran a forjar negocios, no empresas, no emprendimientos, sino fortunas. Y nuestras clases propietarias, tan rentistas ellas, y tan necesitadas de hacerse más y más ricas, sin aportar nada a la sociedad, no arriesgan más que cuando “tienen comprado el tema”, lo cual nos lleva a un mundo de corrupción o de expropiaciones y “desamortizaciones”, es decir, auténtica explotación de la sociedad. No pagan impuestos y se van de “veraneo” a los paraísos fiscales o pagan lo mínimo o aún menos, como ocurre con nuestro sector financiero o el industrial que están plenamente subvencionados con las rentas fiscales, es decir, con el “edén” fiscal en que se mueven. Y quieren más. Rentistas y no inversores, todo asegurado desde el principio, convenido con la política y sus gestores y funcionarios, aparece un “buen negocio”, de esos que te hacen más rico, pero mucho más, y sin invertir, sin riesgos, y basados en la ocupación monopolista que rige en el país, ganan dinero y si tienen problemas, como hubo con el sector financiero (bancario) en 2007-08, viene el Gobierno-Estado, y a través de sus instituciones, “les devuelve” lo que han perdido y aún más. Y, por supuesto, nunca devuelven los créditos que supuestamente les han concedido, pero parece que no, porque nadie se los reclama. Un “negocio”, por ejemplo, como el de Castor, tiene una cláusula en el contrato que si les va mal, el Estado se hace cargo de todo, incluidas claro las pérdidas y la “inversión” y Florentino Pérez tan contento. Las autopistas de peaje alrededor de Madrid fueron/son un desastre económico, pero la cláusula de siempre estaba a favor de los “inversores” y el Estado ha recuperado las “inversiones” y ahora se hará cargo del asunto. Claro, si las ponen gratuitas, seguro que se utilizan. Pero no eran rentables cuando se hicieron. Era sólo una forma de forrarse las constructores y el sector en general. Y ahora quiénes pagamos los platos rotos, todos a partir de los presupuestos del Estado. No voy a poner más ejemplos porque es evidente.

Pero una consideración más sobre este tema: de esta forma, todo conduce a un despilfarro del dinero de todos, a una disculpa para que no nos sintamos de aquí, y para que todo el mundo, como en el famoso chiste de la época franquista (una, grande y libre: una, porque si hubiera otra, todos nos iríamos a la otra). ¿Cómo no van a enfadarse todos aquellos que tienen iniciativa, ganas y propuestas de futuro y aquí no hay futuro, ninguno? ¿Cómo no van a querer irse? Sólo obligándolos a quedarse por la fuerza, no tienen más remedio que quedarse. Pero eso es lo mismo que cuando te tratan mal en una empresa, te quedas porque no te ha avalado ningún head hunter ni ves que sea posible encontrar una alternativa. Si hubiese alternativas, te largabas ya. Lo cual entonces es casi una características estructural en nuestra sociedad: poca gente se siente valorada y reconocida y todos están donde están porque no les queda más remedio. Y al final dicen: “a mí me pagan por esto” y por eso hago lo que hago. No es general, menos mal; pero si es una plaga de “desajustes” que abarcan a una buena parte de nuestra sociedad, mucho más preparada que para hacer funciones simplonas y mal pagadas y aún en unas condiciones de sobre-explotación demenciales.
No es que seamos los únicos donde ocurre todo esto. Hay muchos países subdesarrollados que se comportan igual, pero ninguno ha sido o se ha olvidado de haber sido un imperio, y aquí una buena parte de la sociedad sigue fantaseando con un imperio que sólo lo fue por una serie de circunstancias de lotería que concurrieron al final de la edad media. El resto, aun siendo imperio, fue un auténtico desastre, donde nos fueron echando de todos los sitios. Pero es que además no dejamos nada detrás. Rápidamente se olvidaron de nosotros. ¿Cómo no se van a olvidar si básicamente les quitamos su plata y sus riquezas y los exprimimos esclavizándolos en minas y demás? En cuanto recuperaron un poco su fuerza se olvidaron del gran imperio español. Durante más de cien años fuimos insultados –y seguro que lo merecíamos- en toda Hispanoamérica, con alguna excepción en países dominados por dictadores similares a los que aquí vivían o aún peores. Sólo la emigración de gallegos, asturianos, cántabros, vascos y otros, cuando fuimos realmente como éramos, como personas trabajadoras y humildes, fueron de alguna forma reduciendo el odio que habíamos generado. Nuestra emigración a América fue recuperando un poco el horrible sentimiento que habíamos sembrado en casi todos los países hispanoamericanos. Tanto es así que en muchos de esos sitios en lugar de llamar españoles a los que habían ido emigrados, les llamaban, al menos en Cuba, Argentina y algún sitio más, gallegos, para evitar nombrarnos como colonizadores. Otra cuestión paralela es que el super-ejército español no ha hecho más que recular durante más de doscientos años. Es un ejército vencido, por eso tuvo que traicionar la lealtar jurada a la II República para dominar su España, dado que había perdido todo y mal perdido. Recuerdo aun la última hazaña en el Sahara, todos tendríamos que recordarla porque fue la última vergüenza del franquismo, cuando a finales de su dictadura fueron expulsados del Sahara y dejamos a los pobres saharianos sin Sahara. Esto debería servir de ejemplo para los nostálgicos que apoyan a los franquistas como conquistadores y que quieren como Trump volver a ser imperio y grandes. Chorradas. Trump puede tal vez, aunque no tanto como le gustaría, pero nosotros ni siquiera Gibraltar que nunca, seguro, nunca cambiará de bandera y nadie reconoce en tierras castellanas que es porque a los gibraltareños les va mucho mejor siendo una colonia británica que siendo nada en este país.
(continuará)

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