Mis padres

Wednesday, 11 Nov 2020

Innovación, estructura, grupo y José Luis Sampedro
Roberto Carballo

“……. es necesario aprender algo
y relacionarlo con todo el resto”
Joseph Jacotot

El ejemplo de mi padre fue decisivo para confluir en estructuralista. Las enseñanzas de mi maestro José Luis Sampedro, dieron continuidad del proyecto de ser humano. La vida y muchas relaciones y personas me ayudaron en el resto. Al final, he aportado algo al mundo de la innovación , aunque no puedo estar contento, porque queda mucho por hacer, pero si satisfecho y más cuando puedo reconocer que soy producto de muchas influencias y reflexiones.

Mi padre se interesaba por todo. Como autodidacta que era, valoraba el esfuerzo en comprender lo que le quedaba por saber, y siempre aportaba cosas que encontraba. Si lo comparaba con otros padres de mis amigos o conocidos, de otras familias cercanas, la distancia era casi cósmica. Él representaba la diversidad, el interés por lo nuevo y su conocimiento. Sus relatos eran cuentos, en el sentido de que no sólo contaban algo -muy bien contado por cierto-, sino que lo integraban en una gran variedad de temas que circundaban la cuestión de la que hablaba .

Sus libros eran muy variados, y yo me atrevía y cogía alguno, me iba a mi habitación y en la cama, leía, dejándome llevar por las lecturas. Ahí descubrí a Ramón J. Sender, a su Crónica del Alba, a su Imán y muchas novelas más; ahí descubrí a Zweig, en un libro que marcó mis deseos y expectativas ; ahí leía sobre el cosmos –tan complejo y tan sugestivo- o sobre química o física aplicadas, o consultaba –imitándolo- el diccionario-enciclopedia y me pasaba tiempo de una cosa a otra, en un afán continuo de saber y de conocer lo que era nuevo para mí, lo que sólo me incitaba a una aventura, a la aventura del conocimiento. Ahí pude hojear o leer mucha poesía y mucha historia, sobre todo, de aquello que corría por el fondo de su ser, la guerra civil y el “diablo hablado” de las dos y media de la tarde, el “parte”, siempre recibido y criticado en su dinámica mentirosa y propagandística en que se movía.
Había días en que mi padre llegaba cansado o frustrado de su cotidianeidad, y decía que le dolía la cabeza, se quitaba las gafas, cogía un libro o un periódico, se sentaba en su sillón y se recluía a leer. Todavía lo estoy viendo ….. Cuando había encontrado algo nuevo que contar, inmediatamente nos lo contaba , y de ello se derivaba más de una vez una explicación sobre algo que había vivido en la “guerra”, esa tortura que tuvo que vivir para “ocultar” a sus familiares inmediatos de las represalias de “franquistas” y “curas”. Cuando leí a Preston o alguna de las reflexiones de moda para saber de la guerra civil, también me decepcionaron en gran medida: no tenían los detalles y sobre todo, la integración entre lo vivido y lo sentido, que estaba en los relatos de guerra de mi padre.
Mi segundo padre, por decirlo así, ésta vez más lejano afectivamente, pero más sabio, fue José Luis Sampedro. Fue, como para muchos de mis compañeros, “un amor a primera vista”. Te envolvía y lo acababas idealizando, por cosas como ésta: “descubrir no sólo lo mucho que no se sabe, sino incluso que no se sabe bastante lo que se sabe” . Siempre era o estaba: uno tenía la sensación de que decía siempre lo necesario y claro era él y después los demás estábamos allí, escuchándolo, admirándolo, intentando copiarlo, tanto en sus discursos como en sus escritos, pero …… sólo era un horizonte, no era posible. Era casi un ideal. Siempre aparecía un matiz que superaba o ampliaba el discurso, por muy complejo que hubiera sido o por muy bien que hubiera sido formulado . Y la misma diversidad, aunque más erudita, que la de mi padre. El mismo interés por la cultura en sus diversas manifestaciones, por la política, por la sociología, por la antropología, ….. por todo …. y algo más. Comer con él era disfrutar de la diversidad, de la diversidad en libertad. Siempre te sorprendía, siempre sentías que no habías empezado todavía a aprender, que quedaban muchas cosas, y sentías que era difícil intentarlo, pero merecía la pena.

Además, era un gran economista, el mejor de aquellos tiempos en nuestro país, aquél que fue capaz de integrar y dar sentido a una “nueva materia”, que disfrutaba de multitud de fuentes y realmente era una forma –ahora se dice sistémica, pero me gusta más decir estructural- de abordar la vida desde una ciencia social, también en cierto modo coherente con el mundo natural, con el mundo cósmico en general, y hasta con un cierto toque de espiritualidad.

“Estructura Económica” fue un gran paradigma que poco a poco la “especialización”, la “abstracción matemática” y el neoliberalismo han ido desterrando de las aulas españolas, donde se desarrolló a partir de la aportación de José Luis Sampedro . Quedamos algunos en su onda, pero ya somos mayores y no tenemos, ni por asomo, la versatilidad de José Luis, ni siquiera todos juntos.
Recuerdo que cuando estaba en cuarto curso tuve la alternativa de incorporarme como ayudante del ayudante con el profesor Fuentes Quintana o en Estructura e Instituciones Económicas españolas en relación con las extranjeras, con José Luis. Fuentes Quintana era el futuro, era asegurar el porvenir económicamente. Sampedro sólo era una pasión. Como siempre elegí lo que me gustaba, Sampedro. No tuve duda alguna. En cuarto curso, impartí por primera vez y con mucho sudor varias clases, sustituyendo al profesor ayudante, prácticas en aquellas aulas de San Bernardo. Muchos más de cien alumnos en aquella aula 2 del viejo caserón. Entre ellos, algunos que posteriormente fueron compañeros de cátedra.

Ese año y el siguiente, volví a “cursar” Estructura Económica de Sampedro. Ahora no como alumno, sino como acompañante del maestro, y todo tenía más sentido, porque, y eso lo aprendí en ese momento, es mejor leer un libro dos, tres o varias veces, que leer otros libros.

Un libro siempre tiene muchas lecturas –y otra en cada momento, en cada situación concreta personal y social-, y cuando lo conoces, aprendes mucho más rápidamente en él, que no encontrando otras novedades . Estar en el aula con José Luis escuchándolo sin obligación de examinarte, era otro nivel. En parte, te sonaba el discurso, pero aparecían otros matices y consideraciones que iban completando y enriqueciendo el aprendizaje. He leído bastante, aunque siempre menos de lo que desearía, pero vuelvo a muchos de esos libros y los releo, porque en ellos encuentro la posibilidad de reflexionar y de ver otras cosas. Sampedro no se repetía, no tenía un discurso fijo y pienso que no le gustaba repetirse, pero tenía un fondo de discurso: el fondo era similar , pero los desarrollos eran diversos y ampliaban, que no completaban, los discursos, los enriquecían constantemente.
Eso sí lo he repetido en mis clases. No me gusta repetirme . Es cierto que repites el sentido de fondo, pero hay muchos matices y muchas consideraciones cruzadas y hasta nuevas, que al incorporarlas al discurso principal, adquieren otro nivel, como si encontrases otra forma de llegar al núcleo de las cuestiones. De alguna forma, no repetirse es ir adquiriendo coherencia y haciendo más y más potentes las explicaciones. Pero la coherencia no puede uniformar el discurso, sino diversificarlo, hacerlo más y más complejo, pero más y más sintetizado y con sentido global.

A Sampedro también “le tiraba” lo nuevo, lo diferente, lo que encontraba, pero iba fortaleciendo sus puntos de partida, reforzándolos y en el fondo pensando que “mi papel como científico no pasará de ser el de contribuir a rellenar el foso para que mis alumnos avancen sobre mí”. Y ahí viene el mundo del otro: es un motivador, un facilitador, alguien que ha llegado a un punto, …. podemos completarlo con otros, o desarrollarlo a partir de otros .

Pienso que en esta posición está implícito mi interés por los grupos de trabajo y el tiempo que he dedicado a comprenderlos y ayudar a mis alumnos a aprender a utilizarlos . Hemos aprendido demasiado individualmente, estamos imbuidos de egoísmo y “libertad”, precisamente lo que nos falta es grupo, lo que nos falta es saber cooperar, trabajar con iguales o desde la igualdad, aprender a trabajar con otros (“El otro es el que siempre nos salva” afirmaba Sábato en “La Resistencia”). De alguna forma, el grupo al facilitar métodos de forjar y desarrollar cooperación y grupos, es algo muy cercano a lo que José Luis hizo con tantas materias sociales y naturales, integrándolas en algo que llamó “Estructura Económica”. Estaba ahí, lo veo ahora, avancé hacia esas posiciones casi inconscientemente, pero bien guiado por el “ruido cósmico”: estructura y grupo están muy cerca .

Mi “innovación” es básicamente función de las relaciones de intercomunicación, de la calidad e intensidad de las relaciones, sea en una sociedad, sea en una organización, sea en una familia o institución, sea donde sea. El grupo nos permite generar espacios de aprendizaje e innovación que hagan más intensa, fluida y rica la red de relaciones, de interconexiones, lo que he llamado “Comunicación” o más precisamente, “calidad de la comunicación”. De igual forma, la innovación educativa no son las TICs aplicadas en la enseñanza que lo único que hacen es cambiar la imagen de las cosas, sino la generación de espacios abiertos de aprendizaje, donde la participación y la intercomunicación entre los estudiantes se facilita, y dónde se aprende haciendo y en grupo, lo cual significa, aprender investigando –que es la forma auténtica de aprender, haciendo investigación, buscando, analizando, comprendiendo, desarrollando, contrastando- mediante el grupo de trabajo –que permite aprender a trabajar con otros y a cooperar- y orientándose en trabajos y temas que se vean necesarios socialmente, que sean auténticas necesidades sociales, inmediatas o no, pero realmente sentidas por las comunidades. En la misma línea, innovar en una organización o en un espacio local es generar espacios de interrelación que faciliten un trabajo colaborativo y que permitan que las ideas y conocimientos de cada uno, se expresen mediante la complejidad del intercambio con otros miembros del grupo.

Esto quiere decir, sobre todo, que innovar es crear las condiciones para desarrollarnos como seres humanos. Tal y como indica Fritjob Capra

“La vida es mucho menos una lucha competitiva por la supervivencia que el triunfo de la cooperación y la creatividad. Efectivamente, desde la aparición de las primeras células nucleadas, la creación ha ido procediendo por disposiciones cada vez más intrincadas de cooperación y evolución“

Es decir, los seres humanos también disponemos en nosotros de recursos de cooperación y de colaboración, y mucho más profundos y potentes que los que nos han añadido de competencia y lucha por la vida que continuamente nos “enseñan” en las aulas, en los mass-media, en los discursos políticos y en todo lo que propiamente es ideología, en el sentido de algo que no está contrastado científicamente, sino que responde a ideas que buscan consolidar los poderes dominantes y establecidos.

La naturaleza, los seres humanos, y probablemente el cosmos, responden más a formas cooperativas y colaborativas que a formatos de lucha y competencia estresante e irritante y que continuamente invade nuestra cotidianeidad. Jacotot dixit:

“Todo hombre que actúa posee sus principios para la moral privada y para la social. Todo ser que simplemente vegeta tiene sus nociones de física y cálculo; y sólo por vivir con sus semejantes posee su pequeña colección de hechos históricos y su manera de juzgar”

En esa línea está mi aportación a la innovación (que tenemos que llamar social, y lo es), en sus diversas esferas. El libro “Manifiestos para la Innovación Educativa” es un ejemplo de lo que digo. Todo está escrito por estudiantes, pero no porque se les haya pedido, sino que es el resultado de un proceso de aprendizaje basado en la acción, en la investigación, el método científico y el grupo de trabajo . Mi trabajo consistió, una vez más, en integrar, estructurar, dar sentido, a lo que ya tenía sentido en sí mismo, y son los aprendizajes de los alumnos en un espacio de aprendizaje innovador que de alguna forma pienso es una forma agradecida de devolver a la sociedad y a mi maestro Sampedro lo que he tenido la oportunidad de aprender con su vida y con sus aportaciones y escritos.
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Bibliografía citada:
Capra, Fritjob: “La trama de la vida”, 1998 (Original, 1996)
“Las Conexiones ocultas” (Original, 2002)
“The Systems View of Life”, 2014
Carballo, Roberto: “Crecimiento económico y crisis estructural en España (1959-80”, 1981
“Estructura, Método, Grupo” en “Estudios en Homenagem ao professor Beiras”, 1995
“Innovación y Gestión del Conocimiento”, 2006
“Manifiestos para la Innovación Educativa”, 2009
Nietzsche. Friedrich: “Aforismos”, 1994
Rancière, Jacques: “El maestro ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual” 2007 (Original 1987)
Sampedro, José Luis “Realidad económica y Análisis estructural”, 1959
“Las fuerzas económicas de nuestro tiempo”, 1967
“Estructura Económica. Teoría básica y estructura mundial”, 1969
Sender, J. Ramón: “Crónica del Alba”, 1942-66
Zweig, Stephen: “Brasil: país de futuro”, 1941

1 comentario a “Mis padres”

  1. roberto carballo dijo:

    Este artículo fue escrito hace cuatro o cinco años, después de un homenaje al prof. Sampedro en la UCM. Uno de los organizadores me dijo que si podía escribir algo sobre mi director de tesis, y yo dije que sí. En dos o tres días estaba escrito, lo envié, pero no gustó. Se me dijo algo así como que no era sobre José Luis. Me defendí poco, aunque tenía realmente interés en homenajear a Sampedro, pero tuve que ceder. Hace mucho lo he visto por ahí perdido en mi ordenador y por encima de mi mesa, siempre abarrotada de libros, notas y cosas varias.
    Me dije: tengo que volver a escribir en la web en vez de hacerlo en sitios que son impresentables y me censuran. Espero que aquí no lleguen con sus censuras. Tengo muchas cosas que escribir, espero que me ayude a recuperarme de mi semi-depresión. Un abrazo a todos.

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